«MIEL DE LUNA»

Mi viaje musical con García Lorca, de Granada a la ciudad.

Inmersa en un proyecto apasionante con Mai Kikuchi, pianista de clásico y jazz, sobre el proceso que llevó a Lorca a viajar a Nueva York.

Por mis circunstancias vitales, me han llegado de pleno aquellas canciones escritas justo hace un siglo, entre 1921 y 1924.

A su vez, «Poeta en Nueva York» contrasta para mi como experiencia vital, desgarradora y alienante. Un lamento sobre la verdad que se esconde tras los neones,el bullicio y la prisa. Los efectos colaterales del «progreso». La mentira de haber querido buscar un mejor porvenir en las ciudades. El canto que no llega al corazón de los otros, y que, aunque muerto, se regala igualmente.

Se regala porque encierra nuestra dignidad, porque es humano.

Mi experiencia en Valderrubio, Asquerosa de nombre (aguas abundantes) por aquel entonces, Federico no la solía nombrar, según me decía ella, ocurrió a mis 21 años, en junio de 1994. Como estudiaba en Granada, mi amiga me invitó a pasar unos días en su casa, una vez acabados los exámenes de junio. Le tenía muchísimo miedo a su padre, y mientras se echaba un pitillo, con muchísimo sigilo y precaución, me indicó desde la ventana, cuál era la casa de la familia de Federico. De vecinas, las Alba. Recuerdo pasear junto a ella en bicicleta y dirigirnos al río, cuando las horas se desgajaban de los relojes y se nos deshacían de gusto en nuestras risas.

El río de la vega de Granada……un «asombro artistico».

Me impresionó aquel cartel oxidado junto al río, lo verde……aquí escribía Lorca. Me conmovió el puente que mi amiga me tendía desde lo más real a lo simbólico.

El río

En el pueblo mucha gente no lo quería. Me apenó tanto desvelar esa verdad.

Hubo muchos malentendidos con la tierra. La obra de teatro, también cayó malamente a la familia de los Alba. Tampoco había buena relación con otros familiares, con visiones políticas radicalmente opuestas.

Canciones, de Federico García Lorca. / Foto: www.todocoleccion.net

Ya lo dice el libro, son canciones.

Sólo hay que escuchar la melodía que ya traen consigo, susurrándola van las palabras, y yo sólo les doy voz.

LA CIUDAD

Impersonalidad, vacío, soleá. Ciudades que habité, mientras os iba conociendo a cada una de vosotras, desvelando el verdadero rostro de la realidad social, peor para mí.

De lo verde, al reloj de plomo y cieno.

Ahora que ya actué en YERMA y LA CASA DE BERNARDA ALBA, que me las bebí, que la lloré en el escenario, atravesando momentos muy dolorosos de mi vida, cuando miré a los mismísimos ojos de mi cultura, me di cuenta de que todas somos Mercedes, nietas de Bernarda. Todas fuimos alguna vez Adelas o envidiosas Amelias, Martirios. Quién no se echó la soga al cuello, quién no lloró gritando «Me quiere a mi», quién no se preguntó de dónde viene su amor, su niño.

Pero este proyecto no va de eso. Cada canción es una canción en soledad, que es cuando el pensamiento se activa, cuando surgen las preguntas primeras , cuando la luna, que parece mentirosa, nos da claves para entender el mecanismo del mundo. Este proyecto reclama LA VOZ ANTIGUA con melodías nuevas.

Con agradecimiento infinito y sin poder pedirte permiso Federico, necesito cantarlo.

«Pero me iré al primer paisaje
de choques, líquidos y rumores
que trasmina a niño recién nacido
y donde toda superficie es evitada,
para entender que lo que busco tendrá su blanco de alegría
cuando yo vuele mezclado con el amor y las arenas»

F.G.L




En la Plaza Mayor de Madrid, regalando ese canto que quizá no llegue, pero que se entrega igual.